jueves, 10 de noviembre de 2016

When they said repent-repent, I wonder what they meant.......



 A Leonard Cohen.

Soy una nerd.
Nerd: anglicismo "nerd", del que procede nerdo en español, apareció por primera vez en 1950 en el libro Si yo dirigiera el Zoológico, de Dr. Seuss, donde se le dio este nombre a un personaje que vivía dentro de un televisor (Wikipedia).
Nerd: dícese de una bestia de la socialidad (Maestra de Españo).

Soy una ninfómana.
Ninfómana: dícese de una víctima que ama tanto como huye de su dictador.

Ataques de ninfomanía, o como suele decirlo y nombrarle el discurso de salud: la mujer tiene capacidad de multiorgasmos, según reportan casos, agregan.

***

Es martes por la mañana, y entre 6 y 8 am me vuelve a dar un ataque de ninfomanía que me consume y domina. 

A diferencia de los hombres -dicen-, las mujeres podemos tener un orgasmo espontáneo, si, así, súbitamente, y, continúan los que dicen, podemos tener varios-múltiples orgasmos sin requerir tiempo de, digamos, recuperación. 

Yo los he tenido con, digamos, cierta regularidad. Y en el mismo formato. Formato significa que siempre me han llegado estando entre dormida y despierta, en el momento en que va amaneciendo. 

Sucede que: 
... me despierto, abro los ojos, registro en dónde me encuentro -en mi casa, en mi cama, en mi cuarto, y sola-, y siento mi cuerpo en la cama, dentro de la pijama, envuelta en mis sábanas, cobijas y almohadas cómadas, íntimas, inmediatas y mías, y procedo a pensar que: hoy no hay clase, no tengo otro trabajo, tengo hambre, deudas, angustia económica y lo demás: bla... bla... bla... bla... De modo que sin hacer mucho esfuerzo me traslado al reino de los pensamientos placenteros -chaquetas mentales les nombra el discurso vulgāris, vulgarus-, pensamientos en los que imagino mi mundo real pero maquillado con la ficción, mi mundo acomodado a mi narcisista antonjo, en donde tengo el novio o marido que me gustaría y quiero, los diálogos que me gustaría tener, decir y que me digan a placer de mi ego sacado de la inhibición que constituye su jaula superyóica. El hubiera se queda corto, más bien pienso en ficciones con cara de realidad, imagino a Fulano, Zutano, Mengano y Perengano en historias donde no soy esquivada sino que soy la reina querida y escuchada. De ahí, solo hay un paso a el reino del sexo, la, digamos, segunda puerta. Sexo, sexo, sexo, sexo: Fulano con su cuerpo desnudo, flaco delicioso y al alcance de mi mano y mi boca, él sobre mí, besándome en la boca y las orejas, chupándome aquí en el cuello y allá en las chichis y luego las piernas, la entrepierna, me la mama, yo gimo y lo obligo a que continue presionando su cabeza con mis dos manos, para que no escape... Zutano moviéndome de pies a cabeza con su hermoso y delicioso pene, suave y caliente, lo miro y me penetra como martillo sobre el yunque... Mengano se baja la bragueta, ahí de pie frente a mi cara, en mi cuarto donde está teniendo lugar mi fantasía, se saca el pene y me lo da directo a la boca, yo estoy acostada y desnuda y me dejo jalar la cabeza y cabellos para ser conducida a hacia su pene erecto y coronado por una gota de delicia sexual, se lo beso, se lo chupo, se lo mamo una y otra vez, hasta dentro de mi garganta, me da miedo lastimarlo con mis dientes pero el no dice nada, sólo expresa puro ah! ah! ah! ah! una voz suave y aterciopelada, masculina y caliente, me encanta sentirla a dentro, -qué razón tenía Freud y su teoría de la pulsión oral-, en esos momentos yo podría estar ahí durante horas... horas... tragándomela toda, y toda es toda... Perengano es tierno y con iniciativa, de modo que suavemente me acaricia por varias partes del cuerpo, de vez en vez me llega su mano a la vagina, ¡ah! es la sorpresa y el delieite de la visita de su mano a esa zona de mi ser, su manera de no pedir permiso para hacerlo, para abrirme las piernas mientras me mira directamente a los ojos mientras abajo me está quitando las pantaletas o bien, me está metiendo los dedos entre la ropa y la piel. Sus dedos, ¡oh sus dedos! me toca suave y decididamente, me moja y se mojan, de rato en rato saca su mano y la huele golosamente, se chupa los dedos con mis jugos, me acaricia el clítoris y yo en eses momentos ya me estoy viniendo en sueños...

De estos estímulos autoinducidos sale esa magia dictatorial que no puedo controlar, que me toma: es el momento en que comienzo a quedar dormida otra vez, el momento de la semiconciencia y el semisueño al mismo tiempo. No sabría decir si más dormida que despierta o al revés. Es en ese inter, digámoslo así, que la imagen de un pene cobra vida propia y me lleva al primer orgasmo, sudo, respiro agitadamente, me endulzo con fuerza y floto sobre la cama, no sé si estoy despierta o dormida o zombi. Mirar un pene en esos estados donde no soy yo pero tampoco salgo de mi, hace que me venga el orgasmo de manera inmediata, súbita, automática. Respiro y mi corazón late rápidamente, pero no me despierto, pero tampoco estoy dormida completamente, ¿o si? Vuelvo a mirar al mismo pene y vuelo a tener otro orgasmo de manera inmediata, otro y otro y otro y otro, algo sucede en mi debilitada pero aún viva consciencia que me dice que ya son muchos, que eso no puede ser, pero no puedo parar, aquello, ¿es el ello? no puede parar, de un pene basta con verlo en ese entresueño para excitarme rápidamente y explotar desde mi vagina nuevamente, mi clítoris se vuelve una carga de calor que basta con que imagine un dedo ahí para que provoque el siguiente electroshock, el ¿séptimo, octavo? orgasmo, y yo decido parar pero ello es muy fuerte y no puedo contra su volutad, es como ya se están imaginando, como el anillo de poder de Sauron, me domina y quiere su orgasmo, y más y más y más y yo lo siento en mi cuerpo, la delicia de fuego que hace erupción y me envuelve multiples y rápidas veces, es como estar encerrada en un horno del cual no puedes tocar ni siquiera la manija de la puerta para intentar arrarte hacia ella y asomarte a la puerta. Si quiera eso fuera posible. Pero no puedo, me abosbe y de un orgasmo sentido en mi sexo se produce otro y otro y otro...

Mi cuerpo me domina.

Para recapitular (soy Maestra), con cualquiera de estas imágenes vislumbradas desde el ojo de mi mente o sus variantes yo, me vengo en el temblor y torbellino que me nace, es la explosión de Hiroshima dentro de mi...

Y en este momento en que recuerdo y trato de describrilo escribiéndolo, -pero en ocasiones también en el momento de la multivenida autoprovocada-, yo me pregunto: ¿qué sentirán los hombres cuando se excitan?, ¿será una sensación igual a la que yo siento? ¿será así de violenta y dictatorial?... Pero de ahí paso al pensamiento de que eso es una hipótesis imposible de verificar por mi vivencia. Suspendo el juicio y guardo el pensamiento para irme entreteniéndome durante el día, mientras miro hombres en el transcurso del día... los miro y los pienso mis preguntas.